Córdoba, 07 del tiempo del año que fuere.
Estimado C.E.O. de Alfa y Omega SRL.
Sr. DIOS.
S........../..........D
Me dirijo a usted a los fines de pedirle...bah, en realidad quisiera cortar con la formalidad.
Creo que nos conocemos bastante y el propósito de ésta carta está signado por el cariño que te tengo.
¿Viejo querido, cómo andás?. Perdón por el encabezado formal, pero sé que tu amo de llaves abre las misivas y descarta todas aquellas que no se encaminen con la sagrada formalidad que viene aneja a tu investidura.
Sé que estuve ausente mucho tiempo, que me colgué con las vacaciones...que no terminé los pedidos a tiempo...pero aunque sea el menos diligente de tus hijos, debés saber que siempre te recuerdo.
Debido a mis faltas anteriores sé que no merezco tu atención, pero hoy te escribo para interceder por otra persona...
Por ella.
Creo que debo hacerme cargo de mis culpas.
Aquel funesto día de la manzana, con el asunto de las tentaciones, ¿te acordás? cuando nos rajaste de casa...bueno, ese día la culpa no fue de ella.
Verás, la serpiente me tentó a mí, que siempre me hice el "guacho pistola" (debo reconocerlo) y tuve una debilidad eterna por el conocimiento.
Ella, no tuvo nada que ver.
Muy por el contrario, su naturaleza está más cercana a la intuición y a la fé (o al menos lo estaba) que al ansia de dominio y poder. Ese soy yo, yo mismo mi viejo, tu regalón.
Me di cuenta de que al haberla traído conmigo, afuera de los jardines, a los lindes de la existencia mundana...me mandé una cagada.
La corrompí por completo. Le inventé un lugar que no tenía.
La obligué a criar hijos, a adorarme y respetarme...y le arrebaté todo atisbo de nobleza.
Le hice vender la igualdad por poesía, la libertad por tutela patriarcal y la dignidad por una copia de mí mismo. Pero sin pito. Hasta le puse mi apellido, como una marca de propiedad.
La quise hacer a mi imagen y semejanza...que me imite en los defectos, en las doctrinas y en los abusos.
Aunque no lo creas me dejó.
Mi Eva ahora es una botinera, se valoriza por sus tetas y su culo y por el río de baba que derramo por sus curvas. Ella me da y me quita, me histeriquea, me violenta...y todo porque yo se lo enseñé, le mostré que eso sirve, funciona.
La convertí en especuladora y mercader de besos...¡a mi Eva!. Incluso le inventé una religión que la alejó de vos, que le quitó su sexualidad divina y creadora...y la apartó del sacerdocio.
Le mentí, a ella y a todos mis hijos. Y a vos, te mentí.
Dije que los males son su culpa, que ella mordió la moño azul que nos dejó afuera del mundial.
Dije que son brujas, que son menos inteligentes, que nos necesitan...incapaces de hecho...en fin, vos sabrás todo lo que hice.
La razón, según mi terapeuta es que me ganó el miedo.
Yo era el rey de la creación, el señor de las bestias, el máximo capitalista y soberano indiscutido.
Pude siempre, pude todo.
Pude la música y el fuego, pude la paz y el tormento. Lo pude todo, a tu imagen, Padre...hasta que llegó ella.
Ese día, cuando la ví, tembló el universo. Se me cortó la respiración y me saltó el corazón por la garganta. De repente, ya no era un ser racional. En su presencia me volví un niño, tierno y a la vez torpe e indefenso.
No podía articular palabra...sólo quería su atención, su beso. Su sexo. Sus hijos.
No podía comer, no podía dormir sin tenerla a mi lado.
Por eso, me sentí...desnudo. Vulnerable. Perdido. Por lo tanto, era imperativo que la dominara. Que la subyugara...o estaría condenado.
Hoy, no veo más la luz de la ternura en sus ojos, y por primera vez siento que he pecado.
La convertí en algo que no es, en una sierva de luz incipiente...como una brasa que está viendo apagarse lo último de su fuego.
Y la extraño, extraño lo que era antes de que la cambiara.
Por eso, ante tu autoridad te solicito. Cambiame.
Dame la voluntad, la fuerza, la sabiduría y la valentía para amar a las mujeres tal y como son.
Para no convertir su sagrado vientre en un depósito de mis defectos, de mis apegos y prejuicios.
Enseñame a quererlas no por lo que me prometen, o me dan o me muestran o me quitan.
A quererlas porque sí. Como te quería a vos, antes de olvidarte.
Dame fé, danos a los dos, un remedio para el mundo que supe crear.
Una solución para el comercio de los sentimientos, la falsía de la violencia, la ambición desmedida, el sexo deportivo...
Haceme un hombre, como debo ser.
Ya se me hace tarde, tengo que llevar a mis Caínes a la escuela.
Sin otro particular, te saludo más que atentamente.
Tu hijo, Adán.